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Migración, ciudad y desigualdad en el Gran Santiago

Por: Cristian Doña y Cristobal Moya

Nadie duda que el Gran Santiago es una metrópolis altamente segregada socioeconómica y espacialmente; es fácil para cualquier habitante de la ciudad reconocer dónde están los barrios con los hogares de mayor ingreso. La Región Metropolitana en general y particularmente el gran Santiago son también las principales áreas receptoras de inmigrantes de Chile. Las estadísticas oficiales hacia 2016 indican que el 63,6% de todos los extranjeros que cuentan con permisos de residencia definitiva se encuentran en la Región Metropolitana. Seis de las diez principales comunas de residencia pertenecen al Gran Santiago (Santiago Centro, Las Condes, Independencia, Recoleta, Providencia y Estación Central). Las visas temporales, ya sea de trabajo, estudios u otros motivos, siguen distribuciones geográficas similares a las anteriores. ¿En qué zonas del Gran Santiago habitan los inmigrantes? ¿Siguen el patrón de segregación territorial general del Gran Santiago?

Usando datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) del año 2015, comparamos a la población migrante con la población “nativa” de siete zonas del Gran Santiago. Zonas definidas por el hecho que gran parte de la población que vive en ellas trabaja en ellas, como se puede ver en Fuentes, Mac-Clure, Moya y Olivos (2017). Para este análisis, separamos a Santiago Centro de la zona oriente debido a la alta concentración de inmigrantes en esta comuna.

Estudios previos sobre la distribución territorial de los migrantes, como el de Schiappacasse (2008), concluyeron que no había una alta segregación en el área metropolitana de Santiago, aunque se observaba una inserción segmentada al mercado laboral. Como se observa en la Tabla 1, la zona con una mayor proporción de migrantes es Santiago Centro, donde un 18% de los habitantes son migrantes, seguida por la zona oriente con un 6%. En todas las zonas se observa que el grupo más grande de migrantes corresponde a personas que vienen de Perú. También son prevalentes los grupos de inmigrantes de Argentina y Colombia. La presencia de los mismos países de origen en todas las zonas comprobaría la inexistencia de segregación; desconociendo, sin embargo, que entre los mismos migrantes de cada país también hay diferencias. Un resultado nuevo e interesante es que nuevos grupos migrantes, como haitianos y dominicanos ya se encuentren en las cuatro primeras mayorías en la zona Norte y en Santiago Centro.

 

Figura 1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para conocer más sobre la segregación territorial de los migrantes en el Gran Santiago, analizamos la distribución de los ingresos de la población ocupada (quienes han trabajado remuneradamente la semana anterior a ser encuestados) según las distintas zonas. Nos concentramos en las medianas de ingreso totales mensuales para grupos migrantes y no migrantes en cada zona, considerando la división entre hombres y mujeres.

En la Figura 1 se observa que las medianas tienden a ser similares entre migrantes y no migrantes en cada zona. Las excepciones se encuentran en las dos zonas con mayor proporción de migrantes: Santiago Centro y zona Oriente. En esta última, los migrantes hombres tienen una mediana de ingresos considerablemente superior a las de sus pares no migrantes (mientras que las mujeres tienen medianas de ingresos similares). En general, dentro de la zona Oriente se encuentran los hogares de mayores recursos, lo que se puede ilustrar en este caso con las medianas de ingreso mayores en la zona al compararla con el resto. La zona Oriente, entonces, tiende a acoger a los inmigrantes con mayores ingresos, especialmente a los hombres. Además, en términos relativos, es la única zona donde la mediana de ingresos es significativamente mayor a la de sus pares no migrantes. En Santiago Centro la tendencia se invierte, siendo las medianas de los no migrantes superiores a las de sus pares migrantes, tanto para hombres y mujeres. En términos relativos al grupo no migrante, en esta zona vive un grupo de migrantes con ingresos que tienden a ser menores. Se observa, por tanto, que en términos socioeconómicos los inmigrantes tienden a seguir el patrón de segregación territorial de la ciudad.

 

Figura 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

  

Al observar las medianas de hombres y mujeres (el panel superior e inferior de la Figura 1 respectivamente), se constata una diferencia considerable al interior de cada zona. Las medianas para mujeres son inferiores en todas las zonas, tanto para migrantes como no migrantes. Similar a lo que ocurre con la población general, donde existen brechas en los ingresos según el sexo, este resultado sugiere que las brechas de ingreso entre hombres y mujeres también se encuentran en la población migrante. Un tema que sería interesante de profundizar en el futuro es la diferencia por sexo en la zona oriente. La marcada diferencia podría deberse a la presencia de trabajo doméstico puertas a dentro. El censo abreviado de 2017 nos permitirá evaluar esta diferencia.

La distribución territorial de los migrantes en las siete zonas del Gran Santiago muestra convergencias con la de la población no migrante, ya que tienden a atraer poblaciones similares en términos de los niveles de ingreso. También se observa una convergencia en las brechas de género de los migrantes y no migrantes que favorecen a los hombres. De esta manera, cabe considerar el rol del territorio en la reproducción de desigualdades tanto para migrantes como no migrantes. ¿A qué se debe esta asociación entre algunos sectores de la capital y su capacidad de atraer migrantes similares a la de origen?

Una posible explicación se encuentra en la teoría de la asimilación segmentada. De acuerdo a esta teoría hay tres vías posibles para la incorporación de los migrantes a las sociedades receptoras. Esta segmentación se da por la existencia de prejuicios raciales o étnicos, la ubicación espacial de los migrantes en las ciudades—la que les da acceso diferenciado a bienes sociales—y la ausencia de posibilidades de movilidad social. La primera sería la asimilación a la clase dominante, en este caso migrantes de alto ingreso y/o de países “desarrollados” se integran a la clase media-alta chilena. La segunda sería la asimilación “hacia abajo”, en que los migrantes de países vecinos y migrantes haitianos o afrodescendientes en general se incorporan a las clases bajas chilenas. La tercera forma es una asimilación selectiva, por medio de la cual ciertos grupos de inmigrantes se mantienen dentro de su comunidad étnica, preservando los valores y solidaridad de ésta con el objetivo de lograr una movilidad social ascendente. Si bien no es posible de observar con estos datos, sería el caso de la migración siria, libanesa y palestina de los años cincuenta, coreana de los años ochenta y más recientemente de la migración china. La nueva inmigración afrodescendiente, la asimilación segmentada, la segregación territorial de los migrantes y repetición de los patrones de la estratificación chilena entre migrantes plantea desafíos para el futuro del Gran Santiago. El desafío es cómo promovemos una integración o asimilación de los migrantes que no sea segmentada, en la cual las diferencias raciales, nacionales o étnicas no tengan relevancia.

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